“Esto es más que barrer y trapear”

El Espectador/ Domingo 29 de octubre 2017. María del Pilar Rodríguez, Directora Ejecutiva de Fenaseo, habla de los avances que ha tenido el ejercicio de esta labor en Colombia. Cada vez más, las mujeres exigen capacitaciones en competencias como cuidado de abuelos, de bebés y clases de etiqueta y protocolo.

 En Colombia, el 90% de las personas que se dedican a las labores de aseo son mujeres. El 10% que corresponde a hombres cumplir tareas como barrer áreas extensas, cuidar jardines, sacar las canecas de basuras lavar las fachadas de los edificios y ayudar en actividades relacionadas con electricidad, plomería y pintura. Para ambos casos, desde hace 32 años, la Federación Nacional de Empresas de Aseo (Fenaseo) se ha dedicado a dignificar esta labor a través de capacitaciones y empoderamiento de las funciones.

 María del Pilar Rodríguez, Directora Ejecutiva del gremio, cuenta cómo ha ido cambiando este trabajo, cuáles han sido los avances en la búsqueda de la profesionalización y qué hace falta por parte de los trabajadores de aseo de la sociedad para darles el valor que merecen.

 ¿Cuál es el perfil de las empleadas de aseo en Colombia?

El nivel de desplazamiento de los últimos 50 años en el país ha generado un alto índice de mujeres que llegan del campo a la ciudad en busca de trabajo. La mayoría de ellas son cabeza de familia con hasta siete hijos. Mujeres de 30 años con dos nietos. El grado de escolaridad que manejan es muy bajo, muchas han terminado la primaria y muy pocas el bachillerato.

 ¿Cuál es la tarea que han venido haciendo desde Fenaseo?

Desde hace 32 años hemos trabajado en enseñarles a hacer aseo, porque no es lo mismo limpiar la casa que tener que hacerlo en instituciones, grandes colegios, estadios, parques, centros comerciales o cualquier lugar de grandes superficies. A hombres y mujeres les hemos enseñado de ergonomía, cómo coger la escoba, el trapero, cómo sacudir, cómo desinfectar, porque son procesos que su grado cultural no les enseñó.

¿Dónde ofrecen esas capacitaciones?

En un principio era en las instalaciones de Fenaseo, pero desde hace un año decidimos ir a sitios de la periferia de Bogotá, porque es muy complicado que tengan los recursos para transportarse y más difícil exigirles una hoja de vida. Con el apoyo de muchas personas que nos prestan colegios y salones comunales, llamamos a quienes quieran trabajar y les enseñamos cómo se deben manejar las técnicas básicas de aseo, les hacemos las hojas de vida y las ubicamos en las compañías que tiene la Federación en Bogotá. 

¿Cuáles han sido los resultados? 

En el último trimestre hemos generado más de 400 trabajos. Pero lo más importante es la tarea que estamos haciendo de dignificar la labor y de empoderarlas a ellas. Con una psicóloga les damos capacitaciones para que sean conscientes de que son mujeres valiosas, que luchan, que no deben dejarse llevar por la estigmatización de que como son las del ase, deben sentirse aminoradas. Les cambiamos el vocabulario para que no lleguen en un tono de sumisión de doctor o sumercé, sino que saluden con los "buenos días, vengo a ofrecer agua, o tinto". La idea es que se empoderen de su función. 

¿Qué tanto se están creyendo ellas el cuento?

Mucho. Tanto que ya no quieren seguir siendo las operarias básicas, sino que se quieren capacitar por competencia. En ese sentido, les estamos consiguiendo con convenios de Fenaseo, pagar por ciclos programas académicos en manejo de abuelitos, de bebés, de clínicas odontológicas. La idea es que busquen crecer como personas en su capacidad laboral o que pasen a ser supervisoras, además porque ganan un salario un poquito mayor. 

¿Qué es lo que más demandan? 

Es importante aclarar que el aseo va más allá de barrer y trapear. Muchas de ellas están interesadas en cursos de etiqueta y protocolo. Este semestre, hemos capacitado a más de 500 mujeres a nivel nacional. Les enseñamos cómo servir un vaso de agua, un tinto, cómo se debe ubicar el pocillo, dónde van el pan y la mantequilla en los desayunos, porque eso no se debe hacer sonar el plato con el pocillo, ni servir las bebidas llenas. 

¿Cuál es la tarea pendiente? 

Este es un tema que no puede terminar, por el contrario, nos toca seguir insistiendo en que las mujeres entiendan que son muy importantes porque se lo podemos decir nosotros, pero cuando llegan a ciertos sitios no las tratan bien. Las estamos empoderando a través de convenios de turismo y de bienes materiales como motos, de tal manera que ellas vean que vale la pena el esfuerzo que hacen y que al final, se pueden dar sus gustos. 

 

 

 

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